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lunes, 1 de febrero de 2016

FAMILIA DE AMIGOS Y AMIGOS DE FAMILIA

Siempre es difícil escribir ante una hoja en blanco. Más, cuando tienes un batiburrillo de ideas en la cabeza que no sabes cómo ordenar para darles un sentido común. A esto he de sumar que para hacerlo de manera cómoda con la sandía tamaño XXL que tengo adosada a mi abdomen, he necesitado nada más y nada menos que 4 cojines para conseguir una postura mínimamente aceptable.

Esta semana he tenido una serie de altibajos anímicos que me han hecho plantearme si ponerme un casco para el chocazo o comprarme un billete a Canadá.

Empecé la semana con un estado anímico bastante pésimo. Pero el martes morning se resolvió como por arte de magia. En la puerta del ambulatorio me encontré por fin a alguien a quien llevo tiempo (años) diciendo que algún día conocería en persona sin necesidad de concertar una cita previa (solemos frecuentar los mismos lares con días, horas o incluso minutos de diferencia). Y así fue, no podía ser en otro sitio más peculiar que entre las puertas de entrada-salida del centro médico. (El lugar de presentación es digno de análisis). Enrique Tarragó, uno de mis más fieles piropeadores online y mi más admirado bloguero, entraba cuando yo salía. “Eres más guapa en persona”, se atrevió a mentir. Intercambiamos 4 frases rápidas y cada uno a su faena. Un encuentro tan breve y sin embargo me hizo sonreír buena parte de la mañana olvidando por completo lo que me había hecho entrar al ambulatorio esa misma mañana.

Y entonces piensas: ¿cómo alguien que a penas te “conoce” puede sacar una varita mágica y cambiar tus emociones en cuestión de un segundo?

Pues no lo se, pero puede. Y tanto que puede.

La semana en general no continuó siendo demasiado buena. Siempre con la sensación de fallar a los que más nos necesitan. De estar convirtiéndote en un ser egoísta y no poder/querer cambiar eso. Estoy en proceso de convencerme de que YO soy lo primero para MÍ. Y eso no sé si es bueno o malo. Pero fácil os aseguro que no lo es.

A pesar de todo eso, hay gente que está peor que yo. Y que a pesar de todos mis defectos, me quiere. Y a mí eso es algo que me sigue sorprendiendo de forma espectacular. Que alguien se preocupe por saber que me gusta y que no. Que me apetece y que no. Cómo me encuentro. Que se planteen cambiar la ruta hacia su casa por llamar a mi timbre. Que dejen cualquier plan por pasar unas horas conmigo. CONMIGO!!

Que monten todo un espectáculo de luz y color (nunca mejor dicho) por y para mí. Que impliquen a padres, madres, maridos e hijos. Que sacrifiquen horas de su tiempo. Que se organicen en secreto. Que hablen de mí… Es algo que me descoloca de tal manera que me bloquea. No se demostrar mi gratitud en ese momento y me “aturullo”. ¿De qué manera se puede agradecer algo así?

Todos conocemos esa frase que dice que “a la familia no la elegimos, a los amigos sí”. Pues yo puedo decir que si pudiera haber elegido a la familia, habría elegido a la mía. Pero es que encima he tenido la puñetera suerte, de encontrar a amigos a los que incluyo en esa “familia” con los ojos cerrados.

Os quiero a todos…
A los de siempre y a los nuevos.
A los que achucho a diario y a los que achucho sólo muy de vez en cuando.
A los que me consienten demasiado y a los que me bajan de las nubes.
A los que van y vienen y a los que se quedan.
A los que me encontré por casualidad y a los que busqué.
A todos: gracias!












4 comentarios:

Unknown dijo...

Y te queremos mucho a ti,linda
Pau

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Me acuerdo perfectamente de ese día, Lucía ...
Un abrazo muy fuerte

RECOMENZAR dijo...

Un placer leerte
no te conozco
pero tus letras me han gustado

TROMPANETES dijo...

Gracias! Que ilusión que alguien te lea y te dedique unas palabras. Sólo eso debería ser motivo para volver a ponerme las pilas.
Un saludo!