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Lilypie Waiting to Adopt tickers

martes, 12 de mayo de 2015

EN BAJA FORMA

Cada vez tengo más claro que cuando uno necesita consejo, consuelo, ayuda o cualquier cosa similar de otra persona, lo que necesita realmente es que le digan lo que quiere oír. Me incluyo en el bote, por supuesto. Si yo voy a chafardear sobre alguien, sé a quién tengo que acudir para que me dé la razón. Si le pregunto a Chema  que zapato me combina mejor, estoy esperando que me conteste el de la izquierda, que  es el que yo creo que combina.

Y es que, aunque estemos convencidos de lo que pensamos, necesitamos oírlo de otras personas.

Últimamente no doy una…
Antes no era así. Siempre me he caracterizado por ser buena “escuchante”. Por dar buenos consejos. Tengo amigas que me han llamado porque necesitaban “MIS” palabras y no las de otros. Y eso, señores, es un orgullo. (Para que lo diga yo de mi misma, que no me enorgullezco de nada propio, será por algo)

Pero como digo, algo me ha pasado y no sé lo que es. Mi teoría es que estoy descubriendo que soy mucho más carca de lo que hubiera imaginado nunca. Aunque esta teoría no la avalan investigaciones científicas...

Mis amigas me han contado sus problemas,  han reclamado mi escucha. Pero no he  sabido complacerles. ¿Mi error? Dije lo que pensaba sin analizar antes si debía o no. Si podía herirlas o no. O si es, como digo, lo que querían oír en ese momento.

Puede que me equivocara. Y una vez que metes la pata, lo que viene después ya no se oye porque empieza a sonar un pitido inaguantable. Pero lo que os dije es que, a  pesar de lo que yo piense, las decisiones son vuestras. Y si estas son las que os van a  aportar la felicidad que deseáis, ahí estaré yo. Siempre. Porque mi prioridad es que  estéis bien. Aunque para ello debáis prescindir de mí, de mis consejos o de mi entera,  por un tiempo o para siempre.


1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Te veo, Lucía, navegando en una especie de góndola, con la cabeza apoyada en la mano, y el codo en el borde de babor. estás viendo el horizonte y no hay nada detrás, no hay tierra, no hay nada. Si te levantas ... pruébalo, están ahí, tienes que volar alto, eso sí, pero están. Yo estoy demasiadas veces así, ... funciona.
Un abrazo muy fuerte y, ah, me alegra verte escribir, hacerlo es como enfrentarte aun frontón, siempre devuelve la bola.