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martes, 11 de octubre de 2011

MI TÍA LUCÍA!

Todos los que me conocen saben que soy de lágrima fácil.

(Haciendo un primer paréntesis tengo que decir que últimamente reflexiono mucho acerca de mis llantos, que en ocasiones me parece que son por alegrías o recuerdos, penas o rabias y otras la alternativa a no reventar ante alguien. Pero de esto intentaré recavar información para otro post.)

Continuando con lo que decía, pienso que no es ningún mérito hacerme llorar porque no es algo que me cueste especialmente, pero hay casos en los que me debo censurar un poco a mi misma.

¿Os cuento el último?

Hoy he llevado a mi sobri al cole como vengo haciendo últimamente y a las 17h la he ido a recoger. (Me encanta esta nueva responsabilidad-privilegio)

Cuando la dejo le pido que me de un beso y casi sin mirarme sale corriendo para su fila y se pone a hablar con alguien o a cogerse de la camiseta de su compañero de delante para salir tan formal rumbo a su clase. Me sorprende la facilidad de adaptación y sociabilidad que tiene esta niña. Llevarla es genial. Hablamos de cosas que nunca pensé que hablaría con una criatura de 3 años. Me pregunta que ropa se podrá poner cuando sea mayor, me dice los nombres de sus compañeros del grupo “groc”, amenaza con ir a decirles a mis alumnos del instituto que la fruta es buena, que cura mucho o que me tienen que hacer caso porque soy su tía. Otras veces me dice que si pilla al que le ha quitado los nudos que le hice yo de la mochila le va a decir 2 cosas, que sujete a sus animales imaginarios que están muy suavitos o que “marre mía que roñoso está esto”. Otras que de mayor va a ser maestra pero de niños pequeños (no como yo) porque no tienen juguetes y es muy aburrido.

En fin, conversaciones variadas en las que siempre se me escapa una sonrisilla. Yo pienso, entonces, que no podría ser más feliz. Que mi nivel de amor toca al límite con lo que siento por ella que es lo más parecido a un hijo que tengo. Me siento orgullosa de ella, me siento gratificada con todo lo que me da de forma gratuita.

A las 17h he ido a recogerla. Estaba en la puerta desde las 16:35 escuchando los ruidos de un colegio a punto de estallar. Sale la primera y la segunda fila pero no va su profe en cabeza. Y ahí sale su seño y a pesar de ir de las últimas de la fila la diviso al instante como con un instinto especial y me pongo a observarla. Como se coge de la camiseta de su compi y va sonriendo a todas partes. Me busca pero no me ve y de repente me encuentra entre la marabunta de padres, madres y yayos que esperan impacientes en la puerta. Y se le escapa de su sonrisa habitual una sonrisa gigante y luminosa y se gira a su compañero para decirle: - Es mi tía Lucía! Y dejando al niño con la palabra en la boca se vuelve a girar hacia mí para volver a sonreír. Momento en el que se me saltan las lágrimas y tengo que secarme antes de que me vean los demás padres. Cuando llega su turno la seño le pregunta: Quí ha vingut a per tu? (¿Quién ha venido a por ti?) Y ella contesta segura de sí misma: mi tía Lucía!




1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Yo recojo, cuando puedo, a mis tres nietos y eso de la lagrima floja ....... Existe, sí.
Precioso relato, Lucia.