Empezamos el viaje...

Lilypie Waiting to Adopt tickers

miércoles, 30 de julio de 2014

REPITO CENTRO, REPITO PETARDAS

Como cada julio se repite algo que ya es costumbre y empieza a ser parte de mis veranos. Pedir 300 colegios e institutos para saber, días más tarde, donde trabajaré el curso que viene. Es un proceso aburrido, cansado, complicado y desmotivante. Más aún cuando conselleria juega con nuestra paciencia sacando plazos e historias nuevas cada dos por tres. 
Normalmente suelo hacer todo este proceso con la cabeza. Calculo cien millones de veces los kilómetros que separan cada centro de mi casa, me informo de los centros con jornada continua, apunto los institutos por su compatibilidad horaria, etc.
Este año la situación ha cambiado y la cabeza ha estado reñida con el corazón. Tanto ha sido así, que modifiqué mi lista a apenas una horas de cerrar el plazo.
Es gratificante entrar a ver la resolución y encontrarte con que te han dado el puesto 1 de tu lista de peticiones.
Es todo un reto poder repetir por primera vez con los mismos alumnos, observar su evolución a largo plazo, poder darles un achuchón cuando lleguen después de las vacaciones de verano más morenos y más altos.
Pero lo mejor de todo es el motivo principal que me ha hecho poner este centro en el puesto número 1, y esas son las “petardas” que han compartido conmigo el curso 2013/2014 y que casi en su totalidad, estarán en el 2014/2015.
Esas petardas me han hecho estarme horas delante de un documento con 300 colegios. Subir y bajar puestos de un sitio a otro. Plantearme renunciar a un horario más cómodo por estar con ellas.
Son las mismas que han hecho que hoy al ver esta adjudicación, me emocione de verdad al pensar que volveré a estar con ellas un curso más.

Gracias y mil gracias por hacer que mis dudas se disipen en cuestión de segundos.


Elena, Miriam, Marta, Cris, Sonia, Bego y Laura. 


sábado, 1 de febrero de 2014

31 EL 31


Despertarte bailando “Avui fas anys” de Dijous Paella.

Que tu hija de un año sople mil veces sonriendo, la vela que hay en el de desayuno puesta para ti.

Bajar al coche y ver una notita de tus padres. Arrancar. Que suene una canción preparada por ellos, especialmente para ti.

Llegar al colegio y que te canten cumpleaños feliz.

Que un alumno “especial” te de un abrazo “especial” por ser tu día “especial”.

Recibir un fotomontaje de cumpleaños que te haga soltar una carcajada.

Improvisar una comida (en principio de pareja) y en final de grupo.

Que te preparen regalos sorpresa y tarjetas preciosas en peceras.

Que te cojan de la mano en medio de la marabunta de niños en el colegio.
 
Leer un minicuento escrito por tus impares.

Escuchar un audio de tu sobrina felicitándote personalmente.

Una llamada.

Que suene el timbre a las 9 de la noche mientras das la cena a Lola y al abrir la puerta encuentres globos en tu felpudo.

Que “amigas” a las que crees conocer poco, te preparen una cena improvisada cual amigas que conoces mucho.

Que termine el día 31, cerrar la puerta y pensar en cada una de estas cosas.

Sentirte tremendamente querida.

Llorar.

Gracias a todos y cada uno de los protagonistas de cada frase de este texto. Puedo decir que cumplir 31 el día 31 ha sido algo muy, muy especial. Hoy me siento afortunada por teneros en mi vida.

Lulo.

viernes, 29 de noviembre de 2013

CAZADOR-CAZADO




Hay gente que tiene un don. Es una especie de don visualizador. Como cuando un médico va en el metro y mirando la pupila de un viajante ve a un enfermo de páncreas. Lo ven, y seguramente, harán todo lo posible por hablar con él y conseguir una futura curación.
Estas personas a las que me refiero, y en mi caso concreto, visualizan mi autoestima (siempre a ras de suelo) y fijan un objetivo.

El primer paso es la observación directa. Un trato distante pero directo que poco a poco se va relajando y aproximando.

Tras el primer paso ya saben cuáles son mis puntos débiles; que puedo ponerme roja cuando me preguntan cualquier cosa, que me avergüenzo de vestir como visto, que prefiero estar callada en una conversación de grupo por no hacer el ridículo, etc.

Una vez claros estos puntos, empieza la intervención en sí: Un día, que te pones rímel o te plantas una mini, te dicen lo guapa que vas. Otro se dan cuenta de que te has cortado el pelo a la primera de cambio. Otro te preguntan durante una conversación de grupo para que no te sientas de lado o te mandan mensajes preocupándose por ti. Hay muchas medicinas y diferentes dosis. Saben siempre cuál es la más adecuada.

Es difícil saber si esta relación cazador-presa, médico-paciente, llegará a buen término. Después de 3 meses es pronto para hacer un diagnóstico adecuado.  El tiempo lo dirá, y nunca mejor dicho, porque me va a durar el tratamiento unos cuantos años.  Esta vez mi “médico” va a ser también vecina.

Enhorabuena y gracias a partes iguales Marta.

Lulo

martes, 23 de julio de 2013

A cualquier otra parte...

Hace un tiempo leí en el blog de Nur como se despedía de una amiga que se iba a vivir fuera. Aun sin ser mi amiga, ni siquiera conocida, leer esas palabras me hizo sentir tristeza por todos los sentimientos que puede mover un cambio de domicilio de según qué personas y según que destinos, obviamente.     
                  
Hoy me toca a mí pasar el mismo trago que Nur. No soy la que se marcha, sino la que se queda. Y todavía no sé si ese papel es mejor o peor. El caso es que me cuesta coger una fuerte bocanada de aire para poder escribir esto.

Hay una frase muy tópica que dice que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero no me podéis negar que es una verdad como un templo. Berta llegó a mi vida hace aproximadamente 26 años. Teniendo en cuenta que tengo 30 podéis sacar vuestras propias conclusiones. Fuimos vecinas unos años y luego se fue a vivir a Lanzarote. Nunca hemos perdido el contacto. Casi todos los veranos volvíamos a vernos y hace 5 años tuvimos la gran suerte de que volviera a Alicante para trabajar en el Hospital General como neumóloga.  Después de un tiempo en paro ha encontrado trabajo. Que gran noticia, mi neumóloga ha conseguido un puesto ¿cómo no alegrarse por eso? El problema es que los kilómetros que nos separan no son solamente una barbaridad (2.300), sino que además, hay mar de por medio. Berta se vuelve a Lanzarote. Leer esto cayó sobre mí como una losa. Automáticamente empecé a pensar lo mal que lo había hecho todo este tiempo. Menudo delito, tenerla tan cerca y no haber sacado más tiempo para ella. Me da la sensación de que en esta relación, ella ha dado mucho más que yo. Que el problema de esto reside, principalmente, en que estaba segura de que te tendría aquí para siempre. Y que, por lo tanto, he tenido siempre la certeza de que si te necesitaba en cualquier momento te tenía a dos pasos de casa. El problema es que pensando esto te he tenido “abandonada” y que encima esa seguridad del “para siempre” se ha esfumado de un día para otro.

Desde que se la noticia no he parado de darle vueltas y no puedo evitar…
…acordarme de que cada vez que me has presentado a unos amigos lo primero que les hayas contado con una sonrisa (¿me atrevería a decir orgullo?) es que yo fui tu  primera amiga. (Confieso que  a mí al oír eso se me abre una cola de pavo real impresionante.)

Pensar que me voy a quedar sin esos achuchones que sólo Berta me ha dado y que, por suerte, Chema también ha podido disfrutar. (Me encanta que él los disfrute tanto como yo. Fuera “estereotipos”)

Recordar las sobremesas de sofá una tirada encima de la otra y arrepentirte de que no haya habido mil más.

Saber que en cuanto a confianza es lo más parecido a una hermana que he podido tener.

Añorar tus flanes de chocolate, tu humus, tus besucos, achucharte con mi cara dentro de tus rizos, dejarme querer, tus historias sobre pacientes, las pelusas de los ombligos, los vicios televisivos (cutres) retransmitidos por whatsapp, tus silencios reflexivos y tus risas explosivas, tu bondad infinita, tus consultas chat-médicas,

Reafirmarme en el trato matrimonial que tengo con Chema de que si algún día me pasa algo sólo podrá tener otra pareja y esa serás tú. (No valen envenenamientos, ni falsos accidentes domésticos  XP jur, jur.)

Debería reservarme unas líneas para decir que estoy segura de que te irá bien, que me alegro de que vayas a tener un puesto de neumóloga en el hospital de Lanzarote, que será una etapa feliz y es la decisión que debías tomar. Y que, a pesar de que no cumpliste ese sueño que un día me contaste sentada en las piedras de la playa, de irte a África cuando terminaras medicina, estoy orgullosa de lo que eres, porque eres lo que quieres ser.

Hoy, en tu 29 cumpleaños, te vas  en un barco rumbo a tu casa. Y yo, escuchando “a cualquier otra parte” en el coche, lloro a lágrima viva sabiendo que cuando llegue el día en que te necesite  urgentemente, no tendré donde buscarte.

miércoles, 10 de julio de 2013

6 meses,una reflexión y un video

Todo sigue igual y a la vez, todo ha cambiado.  La llegada de un hijo te cambia la vida, y yo no llegaba a imaginarme cuanto. Sigues yendo al colegio, sigues pasando a las mismas horas por los mismos sitios, pero tu vida ha cambiado para siempre. De todo esto te vas dando cuenta poco a poco. Pero en mi caso ha sido durante el permiso por lactancia o, mejor dicho, la vuelta al cole, cuando he tomado conciencia de todo lo que significa Lola para mí.  
La mayoría de los comentarios de la gente eran del tipo: “menudas vacaciones”, “te libras del peor mes del curso” o “ale, ahora todo el día sin hacer nada en casa”. Pero la que más me ha hecho pensar fue la que me dijo mi directora cuando me fui del colegio para empezar el mes de permiso: “No te creas que no vas a trabajar…” Y sin embargo nunca imaginé que con tantísimo trabajo estaría tan feliz. Es agotador, a la par que  satisfactorio, ver como tu hija crea contigo un vínculo que le hace reconocerte y saber que, aunque esté la mar de bien en brazos de quien sea, si es la hora de comer y tu apareces por su alrededor te reconozca como su cocinero preferido  (y yo vaya a la cocina hinchado como un globo porque papá va a hacer la comida).
Cuando tomas la decisión de tener un hijo te preguntas que tipo de padre serás y  sin quererlo, o no,  te comparas con otros padres para repetir o desechar lo que consideras bueno para criar a tu hijo como tu deseas. Ahora visto con el tiempo, veo lo diferente que cada uno afronta la paternidad. 
Yo, por mi parte y si tuviera la oportunidad de tener otro permiso por haber sido papá aceptaría sin ninguna duda. Me da rabia que en este país solo tengas 15 días de permiso de paternidad y que para yo pueda disfrutar de éste, mi mujer tenga que renunciar a él o que nos tengamos que conformar con 4 míseros meses.
Durante estos 6 meses he vivido una mezcla de sensaciones y sentimientos que creía debían quedar reflejados. Podría hacer una lista de “me gusta” o cosas que hacen que sea muy feliz cuando veo a la pequeña.
Me gusta ser la primera persona que ve cuando abre los ojos en la siesta y que me coja la cara cuando se despierta a mi lado.
Me hace feliz cada vez que consigue una cosa por primera vez y me gusta, y no me avergüenza decirlo, que se me “empañen” los ojos al ver que poco a poco va haciéndose mayor.
Me gusta la capacidad que tiene de sacarnos una sonrisa, aunque sean las 6:30 de la mañana y nosotros no podamos casi ni abrir los ojos.
Me gusta ver a Lucía con ella en brazos y mirar cómo Lola se acurruca en su pecho.
Me llama la atención cómo cosas tan simples como escribir una entrada pueden llevarte semanas (y a mí con la facilidad de escritura que tengo, ni te cuento…), porque justo cuando el ordenador decide arrancar, TU HIJA también.

Chema.

 P.D.: Y ademas, os dejamos un video de regalo.




sábado, 25 de mayo de 2013

HISPANO OLIVETTI (SIN CARIES)



Ésta es la historia de cómo llegó esta máquina a las manos del abuelo de Chema. 

En capítulos posteriores contaremos como llegó a las nuestras.

Hoy yo tengo poco que decir, así que os paso a la abuela y que os lo cuente ella misma:





























sábado, 18 de mayo de 2013

Ni Estivill ni Gonzalez, yo soy del método Lola.

Cuando Lola llegó a casa y después del shock inicial que supone aterrizar en casa como padres novatos, nos dimos cuenta de que con pocos días de vida ya tenía unas preferencias muy claras:
Una de ellas era que no le gustaba que le taparas los brazos. Se movía y movía hasta que los sacaba del edredón.
Otra que sólo se tomaba bien una marca de biberones que nos llegaron por casualidad (en un sorteo de mamisybebes), los Green to Grow. Ni Doctor Browns, ni leches.
Otra que le gustaba dormirse en posición vertical. Según tiraba el aire después del bibe se iba quedando apoyada hasta que se dormía. Esta preferencia ha ido evolucionando y después de la verticalidad pasó a querer dormirse en horizontal, escondiendo la cara entre mi cuerpo y mi codo. Cuanto más escondida, mejor dormía. Luego, la noche en que le pincharon las vacunas de los dos meses, empezó a dormir toooda la noche (y cuando digo toda la noche digo de media 8 horas). 
La última moda es que no quiere que la duermas en brazos. Se acabó el esconderse en el codo para conciliar el sueño. Ahora no quiere que la inclines ni lo más mínimo. Después de una semana desesperados probando y probando posturas para dormirla, decidimos probar a dejarla en la cuna. ¿No dicen que una madre sabe lo que quiere su hija? (y yo añado: un padre también) La prueba funcionó. Lola quiere dormirse sola y así lo hace. Le pongo un muñeco musical colgado en alto de la cuna y ella lo mira, le habla, se quita el chupete, se muerde una mano, y poco a poco se va relajando. Nosotros entramos varias veces a recolocarle el edredón y el chupete, le acariciamos un poco la frente y chin pun. 

No creo que sea definitivo pues ya ha cambiado de hábitos anteriormente, pero desde hace 3 semanas disfrutamos de la tan conocida “sobremesa nocturna” o ratico de sillón, tele y/o internet, y acurruques varios en pareja (mentes cochinas no le deis vueltas que sólo hablo de dormirse uno encima del otro mientras hacemos que vemos la peli zzzzzzz) y de esta costumbre que es dormir más de 8 horas seguidas con la tranquilidad de que se ha quedado tan contenta jugando y llamándote cuando se le cae el chupete.

Pues ahora que  no me salten con chominadas tipo: si dejas a tu hija en la cuna no creas un lazo con ella, o de mayor tendrá un trauma por sentirse abandonada,  o historias de este tipo. Lola ha decidido que quiere dormir sola y nos lo ha hecho saber. No soy ni mejor ni peor madre por hacerlo así, simplemente sigo mi instinto y el de mi pareja y de momento no nos va mal. Lola ha sobrevivido a nosotros 4 meses. =) 

¿Que? ¿Está o no está a gusto?

domingo, 20 de enero de 2013

LOLA


Cuando se acerca el final del embarazo empiezan los típicos miedos. Sobre todo a lo desconocido. ¿Cómo de fuerte será un dolor de parto? ¿Aguantaré? ¿Sabré hacerlo? Te asaltan mil dudas a la hora de conciliar el sueño y, finalmente, por mucho que intentas alargar la llegada de “ese” día, llega.


Yo siempre me imaginé un parto vaginal con muuucho dolor, pero también me imaginé empujando con valentía tal y como me habían enseñado. Ayudando a sacar a mi bebé con mis propias manos, sonriéndole a mi pareja mientras me secaba el sudor y descubrimos por fin si es un niño o una niña.


Por desgracia, la vida no es un 2+2 y las cosas no salieron tal y como imaginé. Más bien, me arriesgaría a decir, fueron al contrario.


He tenido un embarazo perfecto, de libro. Ninguna complicación, ninguna molestia. He estado más sana que nunca, y con los pies calientes!!! El bebé se encajó un mes y medio antes, dilaté, tuve contracciones, y bajé al paritorio como una campeona (agotada, pero con fuerzas para el empujón final de todo el proceso). Cuando ya creía que llegaba el momento me dicen que como el bebé no acababa de girar la cabeza seguramente necesitarán utilizar espátulas. Uff, primer cambio de cara. Seguimos esperando a ver qué pasa y su monitor empieza a tener bajadas importantes. Ves que el ginecólogo te explora y se gira a la matrona y al anestesista negando con la cabeza. Cesárea. Se me desencaja finalmente la cara.


Desde ese mismo minuto me quedé en shock. Sólo recuerdo a Chema cogiendo algo entre toallas blancas. Habíamos tenido una Lola. Subimos las dos enrolladitas en una manta y a la salida del ascensor nos esperaban 4 abuelos llorando, un (recién estrenado) padre llorando y un ginecólogo que no cambiaré por nada del mundo.


Te explican que, como vas a dar el pecho a tu hija, lo mejor es que te la pongas encima y empieces cuanto antes. Así lo haces y aquí empieza otro choque con la realidad. Lola no se coge y se llega a quedar afónica de los gritos que da. Se pone histérica cada vez. Pides consejo y cada matrona que aparece por tu habitación te cuenta una cosa diferente: tienes poco pezón, la niña no sabe succionar, sí tienes pezón, utiliza pezonera, dale un suplemento, el dolor es normal, paciencia, así no, así sí.


Además de todas estas opiniones de profesionales, están las opiniones y los silencios de las visitas. No sé qué duele más, si lo primero o lo segundo. Porque hay silencios del calibre de un cuchillo jamonero.


En cuestión de horas has pasado de estar en la recepción del hospital con tu planning mental de lo que va a pasar a tener una raja con 17 grapas (más la sutura interna), un dolor de pecho horrible, una niña desesperada y un bajón anímico de narices por culpa de la presión social que existe con ciertas cosas. Llevas 4 días ingresada en los que te han tenido que lavar porque eres incapaz de hacerlo sola. No has podido coger a tu hija en brazos porque lo más erguida que puedes estar es en un ángulo de 90 grados, no le has cambiado un solo pañal por el mismo motivo, y el pecho es un tema cada vez más doloroso (no sólo físicamente pues las llantinas que te has pegado son considerables). No puedes reírte porque te duele la cicatriz, no puedes emocionarte por el mismo motivo. ¡Emocionarte! Acabas de tener un hijo y no puedes llorar! Y encima se te culpabiliza de no tener la suficiente paciencia con el tema de la lactancia.


Para esto no te preparan.


Gracias a todo esto, las posibilidades de acabar con una depresión post-parto a tus espaldas es tremendamente elevada. Yo, por suerte, tengo una familia a la que no me cansaré nunca de dar las gracias. No me gusta hacer excepciones porque es verdad que todos se han portado de lujo y han estado muy atentos en todo momento, pero sí que es verdad que hay dos personas que han hecho que todo esto sea más llevadero. Chema y mi madre. ¿Qué haría yo sin ellos? He estado entre algodones, han estado pendientes de mi fuera la hora que fuese, me han curado, lavado, alimentado, mimado, peinado, consolado…pero sobre todo COMPRENDIDO y APOYADO, que en esta situación, no es poco.


Gracias, gracias, gracias.





domingo, 9 de diciembre de 2012

LA LLUVIA EN PARÍS.... Y TÚ



Me encanta pasarme horas y horas leyéndome un libro. Me gusta la sensación de “enfrascamiento” que me produce. Esos fines de semana maratonianos de lectura puramente placentera. Este fin de semana me he enfrascado en un libro de adolescentes que mis alumnos de 2º de la ESO debían leer para el examen de lectura. Me lo dejó su profesora de lengua y, a pesar de que el tema es un tanto banal, luego resulta que engancha.  Y así me he pasado desde el viernes, leyendo en la sala de profesores, en el sofá, en la cama, con la manta, recostada…
En esas estaba leyendo cuando me he mirado la mano con extrañeza. Que raro, una mano normal y corriente con su piel ni seca ni hidratada, con el color de piel que caracteriza el resto de mi cuerpo. Pero, no he podido dejar de mirarla, sobre todo la zona de mi dedo pulgar. Había algo extraño y no sabía muy bien que era. He cerrado el libro. He puesto la mano bajo la luz de la lámpara y he caído en la cuenta. ¡Mi cicatriz! ¿Dónde está mi cicatriz? No podía salir de mi asombro. ¡Había desaparecido! Me he mirado los dos pulgares. Los he revisado de arriba abajo por si me había confundido de mano, pero no. En ningún pulgar tenía cicatriz.
Entonces me he dado cuenta de lo que pasaba y sólo he podido sonreír. He pensado en levantarme de golpe del sillón para contárselo a Chema que estaba en la ducha, pero debido a mi falta de movilidad, me ha parecido demasiada maniobra y he cogido el portátil que estaba más a mano para escribirlo.
Lo que ha pasado es que esa cicatriz que he estado buscando no ha existido jamás. Jamás en mis manos, pero si en la de Chema. En su pulgar derecho. Se la hizo mientras, en un viaje a Cuenca (no se si a la ida o a la vuelta) se iba chupando el dedo cuando tuvieron un pequeño accidente. Y ahí está, una marca personal para toda la vida. Una cicatriz con historia. Y tan mía es su historia que hasta había hecho mía su propia cicatriz.
Que lapsus más curioso. Que sensación más reconfortante. Me gusta sentirme parte de ti hasta el punto de llegar a sentirme confusa y descolocada mientras miro mi mano con la boca abierta. Sí que es cierto, en algún momento nos hicimos uno. “Garban” da buena fe de esto que digo. Y me resulta difícil no tararear una de nuestras canciones favoritas que dice así:

¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío? 
A veces me cuesta decir. 

Siento tu calor, siento tu frío, 

me siento vacío si no estoy dentro de tí. 


¿Cuánto de esto es amor? ¿Cuánto es deseo? 

¿Se pueden, o no, separar? 

Si desde el corazón a los dedos 

no hay nada en mi cuerpo que no hagas vibrar. 


¿Qué tendrá de real 

esta locura? 

¿Quien nos asegura 

que esto es normal? 

Y no me importa contarte 

que ya perdí la mesura 

que ya colgué mi armadura en tu portal. 


Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo 

no cabe ni un rayo de luz. 

¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo? 

¿Los mismos anhelos? 

¿Tal vez la misma cruz? 


¿Quien tiene razón? 

¿quien está errado? 

¿Quien no habrá dudado 

de su corazón? 

Yo sólo quiero que sepas: 

no estoy aquí de visita, 

y es para ti que está escrita esta canción



domingo, 11 de noviembre de 2012

TU BALCÓN Y EL MÍO


Será el día lluvioso, será que es domingo reflexivo, será que lleva toda la tarde sonando en casa Russian Red. Pero alguna de estas cosas o todas ellas juntas me han hecho reflexionar por un momento sobre algo aparentemente nimio.
No se cuantos habitantes tiene mi ciudad, no se cuantas personas viven en mi barrio. Ni siquiera se los números que tiene mi calle, ni los nombres de la gente que vive en mi portal. No se a qué se dedican, cómo piensan, que hacen en su tiempo libre, si tienen familia, si ven la tele o prefieren leer. Vivimos en un constante fluir de gente y sin embargo somos tan anónimos como si paseáramos por un barrio de extrarradio de Nueva York.
Sin embargo, cuando me siento en mi sofá y miro hacia la calle veo aproximadamente 6 balcones del bloque de enfrente. 5 de ellos sin aparente movimiento y uno vivo. Y por medio de mis incursiones a su balcón he ido poco a poco conociendo más a sus habitantes. Una pareja de unos 50 años. Fumadores compulsivos, fumadores de balcón. Son como yo, les gusta estar mirando el movimiento de la calle apoyados en la barandilla. Les veo en verano; él descamisado, ella pidiéndole fuego. Les veo tender la ropa y pasar la cortina. Veo el reflejo de su tele en el cristal. Me los cruzo por la calle y los reconozco entre muchísimos vecinos más porque a ellos si que les he puesto cara. Suben la compra, se toman una caña en el bar de abajo. Compran en las mismas tiendas que yo. A ella la he visto en los momentos más duros de la quimioterapia apretándose el pañuelo. A él fumar sólo.
Y hoy, con “no past land” de fondo y la lluvia fina cayendo entre su balcón y el mio, miro como todas las tardes en la misma dirección y me encuentro una luz tenue que ilumina su salón vacío. Y le veo a él embalar cosas con papel de periódico y montar cajas de cartón. Y siento como si los que se fueran a marchar no fueran unos vecinos cualquiera, sino unos viejos conocidos del barrio con los que he compartido mas de una caña en el bar de referencia.
He de admitir que hoy, dos absolutos desconocidos, han hecho que un toque de melancolía me nublase por unos instantes la vista mientras miraba paralizada detrás de mis ventanas.