Empezamos el viaje...

Lilypie Waiting to Adopt tickers

miércoles, 10 de julio de 2013

6 meses,una reflexión y un video

Todo sigue igual y a la vez, todo ha cambiado.  La llegada de un hijo te cambia la vida, y yo no llegaba a imaginarme cuanto. Sigues yendo al colegio, sigues pasando a las mismas horas por los mismos sitios, pero tu vida ha cambiado para siempre. De todo esto te vas dando cuenta poco a poco. Pero en mi caso ha sido durante el permiso por lactancia o, mejor dicho, la vuelta al cole, cuando he tomado conciencia de todo lo que significa Lola para mí.  
La mayoría de los comentarios de la gente eran del tipo: “menudas vacaciones”, “te libras del peor mes del curso” o “ale, ahora todo el día sin hacer nada en casa”. Pero la que más me ha hecho pensar fue la que me dijo mi directora cuando me fui del colegio para empezar el mes de permiso: “No te creas que no vas a trabajar…” Y sin embargo nunca imaginé que con tantísimo trabajo estaría tan feliz. Es agotador, a la par que  satisfactorio, ver como tu hija crea contigo un vínculo que le hace reconocerte y saber que, aunque esté la mar de bien en brazos de quien sea, si es la hora de comer y tu apareces por su alrededor te reconozca como su cocinero preferido  (y yo vaya a la cocina hinchado como un globo porque papá va a hacer la comida).
Cuando tomas la decisión de tener un hijo te preguntas que tipo de padre serás y  sin quererlo, o no,  te comparas con otros padres para repetir o desechar lo que consideras bueno para criar a tu hijo como tu deseas. Ahora visto con el tiempo, veo lo diferente que cada uno afronta la paternidad. 
Yo, por mi parte y si tuviera la oportunidad de tener otro permiso por haber sido papá aceptaría sin ninguna duda. Me da rabia que en este país solo tengas 15 días de permiso de paternidad y que para yo pueda disfrutar de éste, mi mujer tenga que renunciar a él o que nos tengamos que conformar con 4 míseros meses.
Durante estos 6 meses he vivido una mezcla de sensaciones y sentimientos que creía debían quedar reflejados. Podría hacer una lista de “me gusta” o cosas que hacen que sea muy feliz cuando veo a la pequeña.
Me gusta ser la primera persona que ve cuando abre los ojos en la siesta y que me coja la cara cuando se despierta a mi lado.
Me hace feliz cada vez que consigue una cosa por primera vez y me gusta, y no me avergüenza decirlo, que se me “empañen” los ojos al ver que poco a poco va haciéndose mayor.
Me gusta la capacidad que tiene de sacarnos una sonrisa, aunque sean las 6:30 de la mañana y nosotros no podamos casi ni abrir los ojos.
Me gusta ver a Lucía con ella en brazos y mirar cómo Lola se acurruca en su pecho.
Me llama la atención cómo cosas tan simples como escribir una entrada pueden llevarte semanas (y a mí con la facilidad de escritura que tengo, ni te cuento…), porque justo cuando el ordenador decide arrancar, TU HIJA también.

Chema.

 P.D.: Y ademas, os dejamos un video de regalo.




sábado, 25 de mayo de 2013

HISPANO OLIVETTI (SIN CARIES)



Ésta es la historia de cómo llegó esta máquina a las manos del abuelo de Chema. 

En capítulos posteriores contaremos como llegó a las nuestras.

Hoy yo tengo poco que decir, así que os paso a la abuela y que os lo cuente ella misma:





























sábado, 18 de mayo de 2013

Ni Estivill ni Gonzalez, yo soy del método Lola.

Cuando Lola llegó a casa y después del shock inicial que supone aterrizar en casa como padres novatos, nos dimos cuenta de que con pocos días de vida ya tenía unas preferencias muy claras:
Una de ellas era que no le gustaba que le taparas los brazos. Se movía y movía hasta que los sacaba del edredón.
Otra que sólo se tomaba bien una marca de biberones que nos llegaron por casualidad (en un sorteo de mamisybebes), los Green to Grow. Ni Doctor Browns, ni leches.
Otra que le gustaba dormirse en posición vertical. Según tiraba el aire después del bibe se iba quedando apoyada hasta que se dormía. Esta preferencia ha ido evolucionando y después de la verticalidad pasó a querer dormirse en horizontal, escondiendo la cara entre mi cuerpo y mi codo. Cuanto más escondida, mejor dormía. Luego, la noche en que le pincharon las vacunas de los dos meses, empezó a dormir toooda la noche (y cuando digo toda la noche digo de media 8 horas). 
La última moda es que no quiere que la duermas en brazos. Se acabó el esconderse en el codo para conciliar el sueño. Ahora no quiere que la inclines ni lo más mínimo. Después de una semana desesperados probando y probando posturas para dormirla, decidimos probar a dejarla en la cuna. ¿No dicen que una madre sabe lo que quiere su hija? (y yo añado: un padre también) La prueba funcionó. Lola quiere dormirse sola y así lo hace. Le pongo un muñeco musical colgado en alto de la cuna y ella lo mira, le habla, se quita el chupete, se muerde una mano, y poco a poco se va relajando. Nosotros entramos varias veces a recolocarle el edredón y el chupete, le acariciamos un poco la frente y chin pun. 

No creo que sea definitivo pues ya ha cambiado de hábitos anteriormente, pero desde hace 3 semanas disfrutamos de la tan conocida “sobremesa nocturna” o ratico de sillón, tele y/o internet, y acurruques varios en pareja (mentes cochinas no le deis vueltas que sólo hablo de dormirse uno encima del otro mientras hacemos que vemos la peli zzzzzzz) y de esta costumbre que es dormir más de 8 horas seguidas con la tranquilidad de que se ha quedado tan contenta jugando y llamándote cuando se le cae el chupete.

Pues ahora que  no me salten con chominadas tipo: si dejas a tu hija en la cuna no creas un lazo con ella, o de mayor tendrá un trauma por sentirse abandonada,  o historias de este tipo. Lola ha decidido que quiere dormir sola y nos lo ha hecho saber. No soy ni mejor ni peor madre por hacerlo así, simplemente sigo mi instinto y el de mi pareja y de momento no nos va mal. Lola ha sobrevivido a nosotros 4 meses. =) 

¿Que? ¿Está o no está a gusto?

domingo, 20 de enero de 2013

LOLA


Cuando se acerca el final del embarazo empiezan los típicos miedos. Sobre todo a lo desconocido. ¿Cómo de fuerte será un dolor de parto? ¿Aguantaré? ¿Sabré hacerlo? Te asaltan mil dudas a la hora de conciliar el sueño y, finalmente, por mucho que intentas alargar la llegada de “ese” día, llega.


Yo siempre me imaginé un parto vaginal con muuucho dolor, pero también me imaginé empujando con valentía tal y como me habían enseñado. Ayudando a sacar a mi bebé con mis propias manos, sonriéndole a mi pareja mientras me secaba el sudor y descubrimos por fin si es un niño o una niña.


Por desgracia, la vida no es un 2+2 y las cosas no salieron tal y como imaginé. Más bien, me arriesgaría a decir, fueron al contrario.


He tenido un embarazo perfecto, de libro. Ninguna complicación, ninguna molestia. He estado más sana que nunca, y con los pies calientes!!! El bebé se encajó un mes y medio antes, dilaté, tuve contracciones, y bajé al paritorio como una campeona (agotada, pero con fuerzas para el empujón final de todo el proceso). Cuando ya creía que llegaba el momento me dicen que como el bebé no acababa de girar la cabeza seguramente necesitarán utilizar espátulas. Uff, primer cambio de cara. Seguimos esperando a ver qué pasa y su monitor empieza a tener bajadas importantes. Ves que el ginecólogo te explora y se gira a la matrona y al anestesista negando con la cabeza. Cesárea. Se me desencaja finalmente la cara.


Desde ese mismo minuto me quedé en shock. Sólo recuerdo a Chema cogiendo algo entre toallas blancas. Habíamos tenido una Lola. Subimos las dos enrolladitas en una manta y a la salida del ascensor nos esperaban 4 abuelos llorando, un (recién estrenado) padre llorando y un ginecólogo que no cambiaré por nada del mundo.


Te explican que, como vas a dar el pecho a tu hija, lo mejor es que te la pongas encima y empieces cuanto antes. Así lo haces y aquí empieza otro choque con la realidad. Lola no se coge y se llega a quedar afónica de los gritos que da. Se pone histérica cada vez. Pides consejo y cada matrona que aparece por tu habitación te cuenta una cosa diferente: tienes poco pezón, la niña no sabe succionar, sí tienes pezón, utiliza pezonera, dale un suplemento, el dolor es normal, paciencia, así no, así sí.


Además de todas estas opiniones de profesionales, están las opiniones y los silencios de las visitas. No sé qué duele más, si lo primero o lo segundo. Porque hay silencios del calibre de un cuchillo jamonero.


En cuestión de horas has pasado de estar en la recepción del hospital con tu planning mental de lo que va a pasar a tener una raja con 17 grapas (más la sutura interna), un dolor de pecho horrible, una niña desesperada y un bajón anímico de narices por culpa de la presión social que existe con ciertas cosas. Llevas 4 días ingresada en los que te han tenido que lavar porque eres incapaz de hacerlo sola. No has podido coger a tu hija en brazos porque lo más erguida que puedes estar es en un ángulo de 90 grados, no le has cambiado un solo pañal por el mismo motivo, y el pecho es un tema cada vez más doloroso (no sólo físicamente pues las llantinas que te has pegado son considerables). No puedes reírte porque te duele la cicatriz, no puedes emocionarte por el mismo motivo. ¡Emocionarte! Acabas de tener un hijo y no puedes llorar! Y encima se te culpabiliza de no tener la suficiente paciencia con el tema de la lactancia.


Para esto no te preparan.


Gracias a todo esto, las posibilidades de acabar con una depresión post-parto a tus espaldas es tremendamente elevada. Yo, por suerte, tengo una familia a la que no me cansaré nunca de dar las gracias. No me gusta hacer excepciones porque es verdad que todos se han portado de lujo y han estado muy atentos en todo momento, pero sí que es verdad que hay dos personas que han hecho que todo esto sea más llevadero. Chema y mi madre. ¿Qué haría yo sin ellos? He estado entre algodones, han estado pendientes de mi fuera la hora que fuese, me han curado, lavado, alimentado, mimado, peinado, consolado…pero sobre todo COMPRENDIDO y APOYADO, que en esta situación, no es poco.


Gracias, gracias, gracias.





domingo, 9 de diciembre de 2012

LA LLUVIA EN PARÍS.... Y TÚ



Me encanta pasarme horas y horas leyéndome un libro. Me gusta la sensación de “enfrascamiento” que me produce. Esos fines de semana maratonianos de lectura puramente placentera. Este fin de semana me he enfrascado en un libro de adolescentes que mis alumnos de 2º de la ESO debían leer para el examen de lectura. Me lo dejó su profesora de lengua y, a pesar de que el tema es un tanto banal, luego resulta que engancha.  Y así me he pasado desde el viernes, leyendo en la sala de profesores, en el sofá, en la cama, con la manta, recostada…
En esas estaba leyendo cuando me he mirado la mano con extrañeza. Que raro, una mano normal y corriente con su piel ni seca ni hidratada, con el color de piel que caracteriza el resto de mi cuerpo. Pero, no he podido dejar de mirarla, sobre todo la zona de mi dedo pulgar. Había algo extraño y no sabía muy bien que era. He cerrado el libro. He puesto la mano bajo la luz de la lámpara y he caído en la cuenta. ¡Mi cicatriz! ¿Dónde está mi cicatriz? No podía salir de mi asombro. ¡Había desaparecido! Me he mirado los dos pulgares. Los he revisado de arriba abajo por si me había confundido de mano, pero no. En ningún pulgar tenía cicatriz.
Entonces me he dado cuenta de lo que pasaba y sólo he podido sonreír. He pensado en levantarme de golpe del sillón para contárselo a Chema que estaba en la ducha, pero debido a mi falta de movilidad, me ha parecido demasiada maniobra y he cogido el portátil que estaba más a mano para escribirlo.
Lo que ha pasado es que esa cicatriz que he estado buscando no ha existido jamás. Jamás en mis manos, pero si en la de Chema. En su pulgar derecho. Se la hizo mientras, en un viaje a Cuenca (no se si a la ida o a la vuelta) se iba chupando el dedo cuando tuvieron un pequeño accidente. Y ahí está, una marca personal para toda la vida. Una cicatriz con historia. Y tan mía es su historia que hasta había hecho mía su propia cicatriz.
Que lapsus más curioso. Que sensación más reconfortante. Me gusta sentirme parte de ti hasta el punto de llegar a sentirme confusa y descolocada mientras miro mi mano con la boca abierta. Sí que es cierto, en algún momento nos hicimos uno. “Garban” da buena fe de esto que digo. Y me resulta difícil no tararear una de nuestras canciones favoritas que dice así:

¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío? 
A veces me cuesta decir. 

Siento tu calor, siento tu frío, 

me siento vacío si no estoy dentro de tí. 


¿Cuánto de esto es amor? ¿Cuánto es deseo? 

¿Se pueden, o no, separar? 

Si desde el corazón a los dedos 

no hay nada en mi cuerpo que no hagas vibrar. 


¿Qué tendrá de real 

esta locura? 

¿Quien nos asegura 

que esto es normal? 

Y no me importa contarte 

que ya perdí la mesura 

que ya colgué mi armadura en tu portal. 


Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo 

no cabe ni un rayo de luz. 

¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo? 

¿Los mismos anhelos? 

¿Tal vez la misma cruz? 


¿Quien tiene razón? 

¿quien está errado? 

¿Quien no habrá dudado 

de su corazón? 

Yo sólo quiero que sepas: 

no estoy aquí de visita, 

y es para ti que está escrita esta canción



domingo, 11 de noviembre de 2012

TU BALCÓN Y EL MÍO


Será el día lluvioso, será que es domingo reflexivo, será que lleva toda la tarde sonando en casa Russian Red. Pero alguna de estas cosas o todas ellas juntas me han hecho reflexionar por un momento sobre algo aparentemente nimio.
No se cuantos habitantes tiene mi ciudad, no se cuantas personas viven en mi barrio. Ni siquiera se los números que tiene mi calle, ni los nombres de la gente que vive en mi portal. No se a qué se dedican, cómo piensan, que hacen en su tiempo libre, si tienen familia, si ven la tele o prefieren leer. Vivimos en un constante fluir de gente y sin embargo somos tan anónimos como si paseáramos por un barrio de extrarradio de Nueva York.
Sin embargo, cuando me siento en mi sofá y miro hacia la calle veo aproximadamente 6 balcones del bloque de enfrente. 5 de ellos sin aparente movimiento y uno vivo. Y por medio de mis incursiones a su balcón he ido poco a poco conociendo más a sus habitantes. Una pareja de unos 50 años. Fumadores compulsivos, fumadores de balcón. Son como yo, les gusta estar mirando el movimiento de la calle apoyados en la barandilla. Les veo en verano; él descamisado, ella pidiéndole fuego. Les veo tender la ropa y pasar la cortina. Veo el reflejo de su tele en el cristal. Me los cruzo por la calle y los reconozco entre muchísimos vecinos más porque a ellos si que les he puesto cara. Suben la compra, se toman una caña en el bar de abajo. Compran en las mismas tiendas que yo. A ella la he visto en los momentos más duros de la quimioterapia apretándose el pañuelo. A él fumar sólo.
Y hoy, con “no past land” de fondo y la lluvia fina cayendo entre su balcón y el mio, miro como todas las tardes en la misma dirección y me encuentro una luz tenue que ilumina su salón vacío. Y le veo a él embalar cosas con papel de periódico y montar cajas de cartón. Y siento como si los que se fueran a marchar no fueran unos vecinos cualquiera, sino unos viejos conocidos del barrio con los que he compartido mas de una caña en el bar de referencia.
He de admitir que hoy, dos absolutos desconocidos, han hecho que un toque de melancolía me nublase por unos instantes la vista mientras miraba paralizada detrás de mis ventanas.

                           

                            

domingo, 23 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ PREVALECE LO NEGATIVO?



No hace mucho os hablaba de las reacciones ante la noticia de mi embarazo. Eran muchas y muy diversas pero poco a poco me he dado cuenta de que existen patrones similares que me sacan de mis casillas.
Parece ser que existe una tendencia universal en lo que respecta a las reacciones y, en el 95% de los casos son negativas. Como si quisieran prepararte psicológicamente para algo catastrófico; “La paternidad”.

Cuando dices donde sea que vas a ser mamá/papá las frases más típicas son:

-       Olvídate de volver a dormir del tirón.
-       No vas a tener tiempo de nada.

-       Se acabaron las salidas al cine.

-       No vas a poder arreglarte como antes.
-       Tu casa no volverá a estar ordenada.

Soy consciente (y así lo escribí en su día) de la cantidad de cosas a las que tienes que renunciar. Cuando valoré todas estas cosas y pensé si sería o no capaz, decidí ser madre definitivamente. No se si sobreviviré o moriré en el intento si me sale un bebé llorón, malcriado o complicado, pero el caso es que me vi capacitada para, por lo menos, intentarlo y así lo hice.
Hoy, embarazada de 6 meses me entristece hacer un recuento y descubrir que todo lo que me han dicho hasta ahora es malo. Nadie, a excepción de mi madre y mi suegra, me ha dicho aún, que me pasaré horas mirándole dormir. Nadie me ha dicho que cuando sientes la primera patadita dentro de tu vientre te caen rodando dos lagrimones. Que seguramente lo echaré de menos cuando esté sin él 5 minutos. Nadie me ha dicho que será una experiencia única, ni que ganaré en seguridad y confianza personal. Tampoco me han dicho que se me caerá la baba cuando me diga “te quiero” porque sí, ni que no podré quitármelo de la mente esté donde esté. No me han dicho aun que es impresionante notar que alguien te necesita tantísimo. Que aprenderá cosas gracias a mí y que dirá mi nombre por las noches para que vaya a darle consuelo. No he oído aun a nadie decirme que el dolor del parto (y la espera en la adopción) se compensarán con creces cuando lo vea por primera vez.
¿De verdad la gente prioriza frases negativas cuando tienen que hablarte de maternidad?
Me parece muy triste que ese sea su resumen. El mio, espero, haga sentir a las futuras mamás un poco más felices de lo que me han hecho sentir a mi cuando les hable de mi experiencia.




Gracias Nur por dejarme publicar tus testimonios de madre “no mutada” pero orgullosa.


Gracias Charo por contarme cosas tan maravillosas sobre tus dos maternidades con una sonrisa de satisfacción en la cara.


Gracias MAMÁ por hacerme sentir capaz de ser lo que tú eres conmigo; MADRE. Porque si no me hubieses hecho sentirlo así quizá no me habría decidido a dar este paso tan importante. Porque me quitas el miedo que pueda tener con tus palabras sinceras (que no consuelos). Por hacerme sentir tan querida como hija que ahora sienta la necesidad de hacerle sentir eso mismo a mis hijos. Porque ser hija haya sido y sea una experiencia única que mejora día a día.

Te quiero, os quiero. Lu.




miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿INSISTENCIA O HACERSE EL SORDO?





La estrategia general de los políticos que nos gobiernan hoy parece ser siempre la misma. Da igual si se trata de conservadores, de nacionalistas, de comunistas… La estrategia de la que hablo es la insistencia, la reiteración, la repetición. Y aunque parezca simple y tonta, funciona.
Te dicen una cosa (mentira o no) una y otra vez. Las primeras veces te suena extraño, te sorprendes e incluso te hace soltar algún argumento propio que lo contradice. Sin embargo, a medida que vas escuchando esa misma cuestión una y otra vez. Por la mañana, por la tarde, en pasiva, en condicional, etc. parece que tu oído se va haciendo a esas palabras. Te resultan familiares y poco a poco, tu cerebro las va asimilando como verdades.

A veces estos políticos no son tales. Puede tratarse de gente de a pie, de gente con la que tratas a diario. Pero la estrategia para conseguir algo es la misma. Insistir en su propia verdad (que no la tuya).
Y lo peor es que muchas veces esa verdad va precedida de preguntas para buscar tu propia opinión ya que se trata de cosas que te afectan directamente. Yo me pregunto; ¿PARA QUÉ?

-      ¿Prefieres un polo de fresa o de limón?
-      De fresa
-      ¿Seguro? Con lo bueno que está el de limón…
-      Ya, pero prefiero la fresa.
-      Pues el de limón está muy fresquito…
-      Aun así hoy prefiero el de fresa.
-      Ya…

¿Adivináis que polo acabas comiéndote?

domingo, 12 de agosto de 2012

REACCIONES


Sé que estoy embarazada desde las 8 semanas pero, sin embargo, no quisimos decirlo hasta los 3 meses de gestación por motivos puramente médicos.
No fue fácil. Como viene siendo ya costumbre debe ser que tomamos decisiones bastante extrañas porque desde hace año y poco siento que lo que hago esta bien PERO….Siempre hay un “pero” o un “podríais hacerlo así o asá” que prevalece ante cualquier celebración o alegría. Pero bueno, eso es así y no podemos entrar a juzgar las formas de cada uno (sólo en el aspecto en que nos afecte más o menos a nosotros)

A veces la gente se deja llevar por la emoción y la espontaneidad. Sin embargo a otras sus pensamientos negativos (que habría que investigar de donde vienen) suprimen cualquier ápice de posible alegría por el prójimo.

Desde que “garban” es tema oficial hemos podido presenciar reacciones ante la noticia como:
- Gritos en medio de la calle con una sonrisa de oreja a oreja por una persona que crees contenida en manifestaciones emocionales y que te deja gratamente sorprendida.
- Ojos vidriosos que esconden los verdaderos sentimientos de esa persona hacia ti y que quizá nunca se verbalicen.
- Lagrimas a borbotones por las mejillas de personas que son, sin duda, tu familia, por muy diferente que sea la sangre que corre por nuestras venas.
- Silencios desagradables sin ninguna felicitación y con tu consecuente descoloque.
- Comentarios tales como “sabia que os cansaríais de esperar”.
- Compañeros de trabajo que te cuidan como si fueras la joya de la corona y que apenas te conocen 8 meses.
- Felicitaciones tan sinceras que hacen que los ojos que se llenen de lágrimas sean los tuyos
- Felicitaciones encorsetadas, frías y obligadas.
- Caras de sorpresa e incredulidad que revisan la foto del ecógrafo una y otra vez para asimilar semejante noticia.
- Preguntas y  dudas inmediatas acerca de la adopción que nos ENORGULLECEN tremendamente al darnos cuenta de lo implicado que está ya todo el mundo con nuestro proyecto.
- Ataques de risa incontrolables.

Dentro de que las malas reacciones te dejan huella (y más a gente comecocos como yo) me obligo constantemente a quedarme con palabras tan bonitas como las que nos han dedicado muchas personas estos días y que, a pesar de mi inseguridad, creo que son reales y sinceras:

“Siempre he pensado que ibais a ser muy buenos padres, tenéis muchos valores y valéis millones”
“Muchas veces la vida te sorprende, es bonita y ni te lo esperabas. Es tan bonita que vas a ser madre. Lo vas a hacer genial”
“Pero…¿estas embarazada? Ay! Que lloro… ¿y el otro peque que está por llegar?”
“Me está saltando la lagrimica de ver la ecografía! Que madraza vas a ser”
“Para cuando? Que alegría! Se me saltan las lágrimas…que bonito!!! Cuanto me alegro! Yujuuuuu!!!

Y es que, aunque luego todo el mundo juzgue y no sea tan buena madre como creen, sólo por escuchar y leer frases de apoyo como estas, merece la pena intentarlo.




domingo, 29 de julio de 2012

EL CUARTO MES

Hace unos días mis padres nos acompañaron a la eco de los 4 meses. En el coche, de camino al hospital, me pusieron como regalo-sorpresa, esta canción. 
Poco más puedo decir. Sólo confesar que los lagrimones que me "chorreaban" no eran meramente hormonales.  

Y aunque lo diga una y mil veces; os quiero!!!



Se le hinchan los pies,
el cuarto mes, le pesa en el vientre
a esa muchacha en flor
por la que anduvo el amor
regalando simientes.

Si la viese usted,
mirándose feliz al espejo
palpándose el perfil
y trenzando mil nombres
en dos sexos.

A su manera floreció por primavera
para dar gracias al sol y perfumar la vereda.

A su piel de satén
le sienta bien salir de paseo,
salpicar en niñez en la dejadez
de su balanceo.

Si la viese usted,
frente al café, jugando rayuela,
al atardecer es que a las cinco
su ayer vuelve de la escuela.

Y a su manera volvió al caballo y al carro,
al muñeco de cartón y a los pucheros de barro.

Si la viese usted,
cantándose canciones de cuna
como un cascabel
que acunase un clavel
en un rayo de luna.

Corre lagarto, pon otra cama en el cuarto
empapelarlo de azul y en agosto de parto